En una cuestión tan trascendente como la protección de datos de una empresa, en la que hay tanto en juego, el ahorro de costes suele jugar un papel clave en la toma de decisiones.

 

Pero a la hora de gestionar la privacidad de una compañía, el precio no debe ser la única variable a considerar; la especialización, la experiencia y la independencia son aspectos más importantes

Cuando somos conscientes de que la organización de todo lo relativo a la protección de datos en la empresa requiere de ayuda, surge la siguiente pregunta: «¿Y a quién se lo encargo?» Y es precisamente al contestar esta cuestión cuando aparecen dos ideas recurrentes ante las que debemos ser prudentes; la primera, tentadora sin duda, encargar el tema a quien más barato nos lo oferte, ya sea nuestra gestoría de toda la vida, ya se trate de otro profesional.

Tentador, insisto, pues en tiempos de turbulentos ahorrar costes resulta esencial y un precio «barato» puede ser un argumento más que atractivo. La segunda idea ante la que también ha de estarse alerta es la de encargárselo a uno de los trabajadores de nuestra propia empresa, en muchos casos por la misma razón (ahorro de costes). No hay duda de que el precio será uno de los factores a considerar para tomar la decisión de a quién encomendar la complicada tarea de gestionar la privacidad en la empresa, pero nunca deber ser el único ni el más importante, si no queremos que a la larga lo barato nos acabe resultando caro, carísimo. Antes que el precio deberemos considerar varios aspectos.

Primero, la especialización; vivimos en un mundo complejo y en constante cambio en el que lo general ha ido cediendo paso a lo especial. Los abogados se especializan en ramas diferentes, al igual que lo hacen los médicos, los economistas o muchos otros profesionales. La dificultad y especificidad hace preciso que contemos con alguien especializado en privacidad, que tenga una sólida formación en la materia y que a ella dedique la gran parte de su tiempo.

Si a quien encargo la gestión o la organización de la privacidad en mi empresa me lleva la asesoría fiscal, la contabilidad, los seguros sociales y las nóminas, por mucho que quiera quizá no tenga recursos suficientes para estar especializado en privacidad. De hecho, les seré sincero, incluso aquellos que exclusivamente se dedican en cuerpo y alma a esta materia, a veces reconocen que tienen problemas para estar al día. Es este por tanto un elemento esencial a considerar para hacer un buen fichaje (ya sea dentro o fuera de la empresa): una sólida especialización y formación continua.

En segundo lugar, contar con un profesional que tenga experiencia puede resultar de gran utilidad. Alguien que haya bregado con reclamaciones en materia de protección de datos; acostumbrado a manejar políticas de privacidad; un profesional habituado a valorar medidas para cumplir con previsiones en la materia, a solucionar problemas que se hayan presentado en cuestiones relacionadas con privacidad. Tener el apoyo de alguien así no tiene precio.

Por último, es clave la independencia. Que la empresa le pague a alguien por encargarse de la privacidad nunca debería interferir en la independencia del profesional. En esta materia necesita a un experto que, cuando tenga que dar un puñetazo encima de la mesa (por no gustarle cómo se gestiona algún aspecto de privacidad), lo haga sin miedo a quedarse sin cobrar el mes siguiente. Esta independencia debería tenerla cualquier profesional, pero en materia de privacidad, en la que confluyen los intereses empresariales y con gran fuerza los de los clientes (los llamados «interesados»), se convierte en una característica especialmente deseable.

Si quien se encarga de la privacidad gestiona otras cosas o es nuestro propio empleado, no siempre es fácil mantener esa autonomía. Como empresario, antes de decidir si le encarga la organización de la privacidad de su empresa (más bien de los clientes de su empresa) a su gestoría de toda la vida, a su empleado o al profesional que estime, recuerde que además del precio (y con más peso) cuentan la especialización, la experiencia y la independencia.

Si su candidato cumple con esa terna, adelante; si no, debe replanteárselo, porque las multas que cada vez con más frecuencia se imponen aconsejan no jugársela (recientemente se ha publicado que en el 2019 la autoridad de control que más sanciones impuso en la materia fue la Agencia Española de Protección de Datos, si bien los importes de las mismas no fueron tan elevados como en otros países). Después de todo, se trata de poder dormir a pierna suelta y de tener privacidad con tranquilidad, sin sobresaltos.

Guillermo A. Barral Varela. Abogado de ABANCA

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